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Con el zumo de anémonas

Con el zumo de anémonas

Por Raquel Cruz Crespo

Intuyo Melancolía deambulando desde el siglo XVIII de la literatura cubana. No podría trazar el mapa más regio, pero se me hace claramente visible anidando desde Heredia, agravada en el bigote de Julián del Casal, tierna en alguna gaveta íntima de Juana Borrero, mansamente acurrucada entre el asma y el sillón de José, al fondo del lozano cutis de provincia de ese cubano de cara redonda Severo. Sé que incrustados en las letras de esos trescientos años se encuentran sus inicios.

Me interesa demasiado esa pulsión, he de confesar, para no asociar los fundamentos de esta pieza a la poesía. Demasiado conozco los resortes, la composición molecular de Julio Cesar Llópiz Casal, para no sospechar. Por ejemplo: su tesis de licenciatura abordando el expresionismo en el arte cubano. Y en ella: Arístides entendido por Lezama, Raúl Martínez disertado por Virgilio… pistas para un análisis de la complicidad como hermenéutica.

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La palabra tiene sus detractores semánticos y fonéticos. Pudiéramos usar grávida, o encinta. Pero MELANCOLÍA es más correctamente una obra preñada. Llega como un objeto fetiche para encarnar el espíritu de Cuba –que fue breve tiempo la doncella Juana- como tierra fatale, de inevitable y soporífero humor bílico. Tierra negra, y lo digo con cierta literalidad, porque en la obra el símbolo es clásico, secular, perfecto: el fruto disimulado, la fruta mutada, malhabida, denegada.

La desgraciada relación entre el inicio y el desenlace: el ideario de lo trunco: el preclaro destino contrariado: el natural anulamiento isleño que nace del mar y por ende el disfraz: La estética romántica de la indisciplina: la abierta filiación al desvío: la situación del asombro amargo: La idiosincrasia revisitada ante el encuentro con un frutecido bodegón que es negro. El desencanto remachucado ante la imposibilidad de ser zanahoria plena, melón pleno, plena papaya olorosa. Repito, el símbolo es clásico, secular, perfecto. Encarna el modus vivendi de la ínsula. Recorre como un link la historiografía intelectual y del intelectual cubano (liderada por los clásicos del exilio y el insilio, los poetas suicidas, los ensayistas, los que contrajeron SIDA, los que murieron solos…): en el lento cuadricualdo de un prismatico: no hay reembolso, no hay descanso, no hay paz durardera.

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Funciona con la magistralidad del que ha superado el minimal en un postminimalismo que es a su vez devoto del post land art. Como un homage al arte del siglo XX, al arte contemporáneo, al arte cubano desde 1930. Modifica la arquitectura, la agricultura, la gastronomía, la Habana, la historia minúscula, la monocromez del color negro. Y tiene como colofones todos la sencillez, esa que es la cualidad más difícil de alcanzar incluso cuando la estamos buscando.

Del mejor estilo conceptualista latinoamericano de los últimos veinte años: Que revisita su territorio, que es escenario de su conflicto. Que propone un tratado incómodo pero disimulado ante la máscara pasiva del arte.

De un postcolonialismo rarus porque enfrenta la autocolonización sin siquiera enunciarla: en contra de una lectura monolítica y centralizada de la historia de la fruta.

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De un romanticismo de siglo XIX: que busca comunión con la naturaleza y refugio en la patria atemporal. De un nacionalismo bizarro porque entiende el orgullo nacional en las sombras chinescas de la patria.

En dos palabras: supurante, y completamente lista para aterrizar en la posteridad del Neón (pantéon de la gloria contemporánea) de la mano de Bruce Nauman en 100 LIVE AND DIE: justo debajo de Yellow and Live/Yellow and Die: Melancholia y Vive/Melancholia y Muere.

 PS. Este es un texto escrito hace un año y medio sobre una acción llevada a cabo en Diciembre del 2016, por Julio Llópiz-Casal: artista, aunque no tenga permiso del Registro del Creador. En un espacio público no institucional. No veo mejor momento para publicarlo: #sin349

 MELANCHOLIA, 2011-2016. Pintura acrílica negra sobre frutas, vegetales y huevos. Intervención en el espacio y documentación fotográfica. Dimensiones variables. Edificio Monte de piedad, Habana Vieja. Diciembre, 2016

 

FLUIR DEL ÁCIDO A LA FLOR

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