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SOLDADOS DE Yucca Flats FRENTE AL MUSEO DE BELLAS ARTES

SOLDADOS DE Yucca Flats FRENTE AL MUSEO DE BELLAS ARTES

DE INVESTIGADOR A INVESTIGADOR A Dj QUE INVESTIGA

Frank Martínez expone en Miramar

Elvia Rosa Castro

Su admirable ambición era producir unas páginas

que coincidieran –palabra por palabra y línea por línea–

con las de Miguel de Cervantes.

Jorge Luis Borges

 

Frank Martínez no es un impresionista, tampoco un hiperrealista; mucho menos un artista pop y tampoco integró Pictures, aquella muestra que Douglas Crimp organizó en 1977.[1] Hago estas observaciones porque a pesar de todas esas no pertenencias, las últimas producciones de Frank Martínez poseen algo en común con las prácticas artísticas: la apropiación que tiene como punto de partida a la fotografía.

Últimamente, a diferencia de otros artistas que han hurtado o tomado en préstamo imágenes reconocidas y reconocibles de la tradición artística universal, Frank Martínez echa mano a la fotografía que proviene del mundo reporteril.[1] Este dato marca un giro interesante en la metodología de la apropiación, al menos la que estamos acostumbrados a ver, porque esas imágenes no portan el peso del valor cultual (Benjamin), no el que les otorga la práctica de la Historia del Arte. Son importantes, muy conocidas en su momento –pues los mass media se encargaron de reproducirlas por denunciar algún acontecimiento o porque recogían un instante que la intuición puso en el plano de lo trascendente–, pero su aura no es tiránica, más bien es blanda.[2]

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No provienen del imaginario artístico propiamente dicho sino del que congela hitos históricos contemporáneos específicos, micro, y que han impactado en el momento de ser publicadas las fotos –y claro está que después también. Imágenes que dieron la vuelta al mundo por ser violentas o por narrar un acto épico o porque sus protagonistas lideraron países que son grandes potencias. Imágenes que pueden describirse con cierta objetividad y tienen un correlato «real» asentado en la historia. Se trata de fotografías que tienen sus principales destinos en los archivos y los media, y a lo sumo, un museo o colección de fotografía temática. El camino recorrido ha sido (y es) inverso.

De este arsenal, Frank prefiere las de un voltaje político y social donde él pueda percibir cierto cariz potencialmente irónico que logre confluir –o ser lateral–[3] en otra realidad igual de violenta y hasta homologable, de manera que esta reunión, en la tela, provoque una interfaz o un colapso donde la literalidad del «original» se pierde para dar paso al comentario sutil.

La fidelidad del referente se ha contaminado con otra realidad y su consumo rotundo y placentero está en la condición performática exigida por las obras: su total goce se realiza con la conversión de Frank Martínez en historiador, en narrador de micro historias. En un profesor de historia que intermedia y explica con vehemencia el origen de cada foto o cuando menos nos envía a la Wikipedia. En el sujeto de carne y hueso que entra en escena. En el gesto excéntrico contenido en y fuera de la obra. Así, Frank, que gusta de la improvisación en el arte, continúa fiel a su creencia, convirtiéndose ahora en un Dj de las micro historias.

 

PS. En agosto de 2014, posterior a la Revolución Francesa, a la Revolución Cubana, al día de los enamorados, a una revolución interna, posterior…

 

 

[1] En Cuba, José Ángel Toirac y Ricardo Elías en la obra Peregrinaje se apropiaron de las imágenes de Walker Evans, tomadas durante su visita a Cuba. Se trata de una instalación de fotografías y dibujos realizados en pan de oro que puede constituir el link más evidente y cercano a Frank Martínez. El término «evidente» lo uso aquí refiriéndome al uso de la fotografía de reportaje como referente, no por la estructura visual de la obra.

[2] Esto, lo sabemos, tiene varias causas: la heteronomía y el telos que está en la base de la fotografía reporteril, el tema de la autoría y todo lo concerniente a un original múltiple, brillantemente explicado por Walter Benjamin.

[3] De hecho esta serie se titula Lateral, aunque todas las obras poseen un título específico.

[1]Aunque en esta exposición algunos artistas partían del cine (Cindy Sherman) o de imágenes del imaginario publicitario (Richard Prince), Sherrie Levine sí partió de fotografías reconocidas, en este caso de Walker Evans. Pero en definitiva, a nivel más general, se trata de obras reproducibles, editables y populares, por decirlo de algún modo. Obras que, en última instancia, están regidas por una lógica fotográfica.

NOS HEMOS QUEDADO SIN PRESIDENTE

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