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WE DON’T NEED HEROES, we need heroínas

WE DON’T NEED HEROES, we need heroínas

Por Elvia Rosa Castro

Es posible que de ahora en adelante la galería Orígenes del Gran Teatro de La Habana se ponga de moda, en el buen sentido de la expresión. CCC, la muestra con que Consuelo Catañeda aterrizó en La Habana, dio una lección de lo que puede hacerse en un espacio medio que no pertenece a la tradición del arte contemporáneo. No quiero decir que es “histórica” (aunque sí lo es, por supuesto que lo es) el retorno de esta mujeraza al contexto artístico habanero. En medio de este verano asesino, en que muchos viajan y otros se encuevan en sus casas, en un escenario atravesado por la irreverencia de jóvenes que no atienden a la historia (ni a mitos) y creen no deberle nada a nadie, y, además, en un sitio bastante ajeno a los ires y venires de las artes visuales, CCC aglutinó más de doscientas personas en su opening (es probable que me quede corta, pero no tengo el entrenamiento de los que cuentan la asistencia a desfiles y tampoco le pregunté al señor de la entrada). Fue, sencillamente conmovedor: viejos, jóvenes, tembas, ácidos, siropes, alternativos, oficialistas, cámaras de la televisión cubana y cámaras de Diario de Cuba.

Ok, uno va porque es Consuelo, porque me fascina su teoría del fragmento, el pastiche y lo periférico (y también porque me gusta Robert Hugues) y la coherencia visual de sus obras con eso; porque es una de las diosas de la pedagogía artística en Cuba; porque me perdí aquel segmento americano de su trabajo con el lenguaje en la cuerda Barbara Kruger; porque me gustó una vídeo-instalación que vi una vez en una galería de Winwood (y la Betty Boop que Orlando le regaló a Axana); porque es una de las pocas que está en mi Parnaso y porque me cae bien. Demasiadas razones y legítimas todas. Pero llego a la galería y todos mis argumentos se quedan cortos. Sólo una artista como ella puede darle el swing que tiene esa muestra (compilatoria pero no retrospectiva), multimedial, súper adelante, con obras que incluso ya conocemos y son clásicos del arte hecho por cubanos.

El acto creativo aquí residió en aprovechar esos grandes paneles (que en otros casos pudieran ser un obstáculo o ser un stand de feria más) para ir jugando (como casi toda su vida) con los “originales” y la obras seriadas, con los espacios en blanco y el horror vacui, con la calidez de las obras y la frialdad del diseño. La museografía en este caso constituyó la obra, resultando un todo joven y alternante de una parte importante de su creación.

(Esto no es un texto ni algo que se le parezca; son notas de alguien momentáneamente feliz por Consuelo, por mí y por todos los que allí pudieron ver esa lección de espacialidad)

Aquíles dejamos algunas imágenes des la exposición:

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¿Tú tienes frenos? Yo no

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