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El Big Bang de la historieta espirituana

El Big Bang de la historieta espirituana

Por Arturo Delgado Pruna

No escasean en Cuba los dibujantes de historietas sino los editores dedicados a gestionar su publicación. No faltan en nuestro país casas editoriales que aprueban el cómic, pero las superan con creces aquellas que lo desdeñan.

Con la comercialización en 2015 del libro Los hijos del Quasar, a cargo de Ediciones Luminaria, se refuerza en Sancti Spíritus el interés por rescatar la historieta, tanto la realizada por bisoños como por veteranos. Aunque para lograrlo la casa editora se apoyó en una indicación explícita del Instituto Cubano del Libro que prioriza este género, buena parte de los editores y artistas la desconocen porque en las editoriales territoriales se ignora (in)voluntariamente y apenas se divulga.

Ernesto Pérez del Río. Gran Premio a la mejor historieta en las Jornadas Artecomic, 2015

Ernesto Pérez del Río. Gran Premio a la mejor historieta en las Jornadas Artecomic, 2015

Fueron esas dificultades las que animaron a Ediciones Luminaria a buscar alianzas con diferentes instituciones para, entre todas, intentar fortalecer el noveno arte hecho en Cuba. Las respuestas inmediatas provinieron de la Vitrina de Valonia (centro cultural de la Oficina del Historiador de La Habana que acoge una biblioteca exclusiva para historietas), de las Jornadas Artecomic (cita anual dedicada al cómic, auspiciada por el Consejo Provincial de las Artes Plásticas de Camagüey) y de la UNEAC espirituana.

De la Vitrina llegó en marzo de 2015 Lysbeth Daumont Robles, especialista de dicha entidad, junto al dibujante belga Etienne Schréder, el cual aconsejó a los aficionados en el taller de creación que impartió que si deseaban abrirse camino en el exigente mercado europeo debían eludir la influencia del manga y afanarse por mostrar lo autóctono, puesto que a los cazatalentos del Viejo Continente no les interesaba buscar aquí practicantes de una tendencia que desarrollan bien miles de japoneses.

Como era consciente de que no se tenían suficientes noticias sobre las Jornadas Artecomic, a las pocas semanas acudió Alfredo Fuentes Fernández —organizador principal de ese certamen competitivo— para establecer vínculos directos con el naciente grupo espirituano e instarlo a participar en la lid de las viñetas. Ambos encuentros sesionaron en la casona de la UNEAC, organización que acogió a los historietistas del territorio para establecer allí un taller quincenal.

Si bien la prensa, la radio y la televisión locales habían detallado el quehacer de Osvaldo Pestana Montpeller (Montos), Fermín G. Vega Boyce y Ramsés Morales Izquierdo, esta inédita movida a favor de la gráfica reavivaría el interés de los medios por promocionar a otros creadores. 

En abril hubo un reconocimiento a la historieta cuando la Bienal Internacional del Humor de San Antonio de los Baños rompió el protocolo e invitó al autor «serio» Osvaldo Pestana para que ofreciera su muestra personal Montos Ink. A tono con lo anterior, nuestra galería de arte del bulevar inauguró en junio la expo Del cómic al gigabyte, del poco conocido Ernesto Pérez del Río —graduado de la desaparecida Academia de Trinidad—, quien al mes siguiente obtuvo el Gran Premio a la mejor historieta en las Jornadas Artecomic, en cuyo programa Ediciones Luminaria presentó Los hijos del Quasar, además de la conferencia «Breve repaso a la historieta hecha en Sancti Spíritus. Avatares de la edición (1979-2015)».

Con certeza la voz se corrió, porque en agosto fue convidada Luminaria al Centro Hispanoamericano de Cultura para compartir en el Behíque —evento que se desarrolla anualmente en La Habana, consagrado a la fantasía y la ciencia ficción— su experiencia dirigida a incentivar la publicación de cómics. Luego de escuchar la disertación «La edición de historietas en el centro de Cuba», a muchos asistentes les sorprendió que una pequeña editorial de provincia no solo hubiera impreso un volumen que agrupaba trabajos de los yayaberos Janley Perdomo de Rojas, Milagro Ortiz Valdivia y Dariee Valle Borges, sino que también pretendía —con la salida de Yakro, de Orestes Suárez— comenzar una colección dedicada a los clásicos cubanos del género; iniciativa que de inmediato reveló la revista El Caimán Barbudo en su página digital.

Con Yakro, Ediciones Luminaria pretende abrir una colección que rescate a los clásicos cubanos de la historieta.  

Con Yakro, Ediciones Luminaria pretende abrir una colección que rescate a los clásicos cubanos de la historieta.

 

La Jiribilla dio un paso más allá cuando días después su dosier semanal en la web se ocupaba de la historieta en Cuba, sin que faltara en él una entrevista a Montos, quien partía a Estados Unidos —para asistir otra vez a una convención de cómics— dejando una sentencia poco alentadora: «No hay una historieta cubana». Ni renegaba de sí mismo ni desconocía a sus antecesores: seguía faltando una revista que pusiera a prueba el talento, se necesitaba diversificar los temas, valerse de nuevas formas de comercialización y distribución; era preciso contar con guiones sólidos y frescos que merecieran ser traducidos a imágenes o hasta con alguna editorial independiente.

Hacia finales de año el programa televisivo de corte literario Gente de palabra agregó una sección sobre la historieta que muy bien le vino a los lozanos rostros de Noel Cabrera Fernández, Ernesto Pérez del Río y Dariee Valle, así como al taller porque atrajo el interés de otros muchachos. En este punto cabe señalar que en Cuba podrían concebirse novelas gráficas si los narradores se aventuraran en la producción de guiones con ese fin o si los dibujantes asumieran las historias con audacia creativa. De hecho, Montos lo está intentando ya con Paquelé, faena que lo mantiene ocupado a partir de su adaptación del libro homónimo de Julio M. Llanes.

Cerrando el 2015, el diario Juventud Rebelde quebraba el desconocimiento que aún podía existir sobre el taller, al publicar el artículo «Más que "muñequitos"», que a toda página —online e impresa— destacaba cuánto se hacía en Sancti Spíritus para enaltecer el noveno arte. Al mismo tiempo, desde Argentina llegaba el ofrecimiento de realizar aquí un Encuentro Internacional de Historieta Educativa, dirigido a estrechar lazos entre artistas, pedagogos y estudiantes a través de charlas, ejercicios en las escuelas, presentaciones de libros, muestras en instituciones culturales.

Un año es poco tiempo, pero si el taller aún existe se debe en parte al entusiasmo de Montos y Boyce, los incondicionales guías que han logrado incorporar al magisterio a sus propios alumnos.

 

 

 

 

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