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Cómo escriben los jóvenes en Cuba?

LA GENERACIÓN DEL CHUCHO Y LOS DEVICES DESTIERRA LA METATRANCA

Por Elvia Rosa Castro

Puede que sus juicios de valor sean desacertados; puede que a algunos les falten unas cuantas lecturas de rigor pero hay tres cuestiones que quisiera destacar acerca de los jóvenes que están ejerciendo la crítica de arte en estos últimos meses y que abarcan cuatro graduaciones (e incluso a los que están por graduar). Ellos escriben con swing, son legibles y, sobre todo, la emprenden con el que sea sin rubor.

No puedo decir que sea con detenimiento absoluto pero leo con bastante respeto y placer los textos publicados en el tabloide Noticias de Artecubano, que ha sido el espacio ideal para estos jóvenes, y me ha resultado en extremo interesante y atractivo el hecho de que el peso simbólico de la autoridad del artista por un lado y del dinero por otro, no haya frenado ese espíritu crítico que en un momento se perdió por las razones anteriores o porque no había suficiente “aristocracia mental” (se escribía mucha bobería y nadie quería “pintarse de problemas”).

Ahora si una quiere leer un desmontaje claro desde la teoría y la historia del arte tiene de ejemplo a Daleysi Moya sobre La estrella de Yornel Martínez, o a Gretel Acosta sobre The Merger y Stainless. Si queremos un chucho postcrítico y trendy buscamos a J.C Llópiz y a Raquel. Por supuesto que entre un nombre y otro hay varios (Nils, Abelito, Daniel, Claudia, Andrés, Alain, Hamlet, Shirley, Maeva, Roxana, Anaeli, Gladys, Celia… y otros [disculpen las omisiones pero ya estoy en edad de Alzheimer]).

Dentro de ellos algunos prefieren las escaladas historiográficas, las búsquedas de archivo, el interés de dejar toda la info necesaria; otros saltan este paso y dan por sentado o prescinden de esos datos porque en su opinión (supongo) ese no es el pollo del arroz con pollo; otros fabulan seriamente y descargan sus desvelos a la manera de bloggers, sin tanto argumento ni explicación, de una manera envidiablemente publicista. Cualquier cosa hay en ellos menos chealdad y densidad. El chucho, lo saben, se da con frescura y desfachatez.

Ante mis ojos veo un espectro legítimo de posibilidades (tal vez por ello ahora estoy angustiada, a ver si captan el chiste esta vez). Los atajos formales que escoge cada uno han servido para dejar sentado que hay jóvenes despiertos, inteligentes y sobre todo divertidos y autosuficientes.

Dueña de otro background (el de su época), lenguajes y referencias culturales; amante de los tatuajes,  las discotecas y los seriales; del paquete, el buen cine y la buena música, esta generación vive con intensidad y así escribe: ligeros, les molesta el peso de la impostura, y si hay alguna reverencia, es ante sus abuelas[1].

[1] Esto es algo que, supongo, los sociólogos anden estudiando. Muchísimos jóvenes se tatúan el nombre de los abuelos o les dedican sus triunfos deportivos, o les escriben sentidos y amorosos posts en Facebook… Muchos de ellos crecieron con sus padres lejos: cumpliendo misiones, yéndose del país....

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